Todos los Mozarts del mundo (introducción a la etiqueta)


La mayoría de los compositores nacidos durante la segunda mitad del siglo XVIII son automáticamente considerados una rareza. Y, comoquiera que Mozart es una de las grandes referencias, pues resulta que melómanos, críticos, historiadores y, por supuesto, músicos, desde entonces hasta hoy, en un constante alarde de originalidad, se han dedicado a etiquetar a muchos de ellos como… El Mozart + el gentilicio de algún lugar (también hay veces en las que en vez de un gentilicio lo que hay es otro descriptor, y también puede estar cambiado de lugar: el Mozart negroel Nuevo Mozart).

La cosa se fue animando y, al final, también tenemos Mozarts por el mundo de épocas posteriores. Desde luego, también hay intérpretes, fundamentalmente pianistas: pero es que también hay pintores, poetas, ajedrecistas, matemáticos y hasta futbolistas. También pasa con Beethoven, aunque mucho menos y, desde luego, solo respecto a músicos, al menos casi siempre. O Bachs, o hasta Haydns. Pero en números brutos de menciones no llegan ni a poder compararse con los Mozarts en legión. A ver, a bote pronto y luego a bote google, pues resulta que tenemos, de momento y en absoluto desorden, los siguientes Mozarts de…
  • Gran Bretaña (Linley y Deutscher),
  • Francia (Boieldieu y Sainte-Georges, aka el Mozart negro aun siendo mulato),
  • España (Arriaga, Martín y Soler, que también son conocidos como el Mozart vasco o el Mozart valenciano; o Sor y Manén, ambos catalanes, aunque el primero es solo el Mozart español y el segundo es solo el Mozart catalán).
  • Chequia (Myslivecek),
  • Polonia (Chopin),
  • Suecia que en realidad era alemán (Kraus),
  • Alemania que no cuentan como tales, sino como “nuevos Mozarts” (Beethoven y Mendelssohn),
  • Italia (Rossini, Valeri… ¿¡Pergolesi!?),
  • Rusia (Glinka),
  • Rumanía (Enescu),
  • Ucrania (Berezovsky),
  • Portugal (De Sousa Carvalho)
  • Brasil (Nunes),
  • Uruguay (Cortinas),
  • México (Elízaga, Ponce),
  • Cuba (Cervantes),
  • Estados Unidos (Gershwin, aunque los yanquis le dicen “American Mozart”)
  • Canadá (Mathieu)
  • Australia (Hutcheson)
  • Turquía (Dede Efendi).
De momento son nada más y nada menos que treinta y uno, y sin salirnos, ojo, de la música, y solo de música digamos “culta” (odio ese nombre). Y seguro que hay muchos más sin salirnos de este campo: por eso espero vuestras ideas en los comentarios y por eso actualizaré la lista tantas veces como haga falta. Llama la atención la ausencia de africanos y asiáticos, pero todo se andará. Y de mujeres solo tengo una (Alma Deutscher).


En fin, así se sitúa rápidamente al oyente, pensará cada apodador perezoso: este es como Mozart, pero de nosedónde… El problema es qué narices se supone que implica ese “como Mozart”. Pues bien, ahí van algunas ideas que he ido deduciendo (con que se dé tan solo alguno de los siguientes puntos podría activarse el apodo, pero, por supuesto, combinados tienen más probabilidades de éxito):
  1. La coincidencia cronológica (más o menos abierta). Digamos que los Mozarts por el mundo más prototípicos nacieron aún en el XVIII: algunos son estrictamente contemporáneos a Mozart, pero muchos de ellos se adentran claramente durante el Primer Romanticismo. Hay casos posteriores, muy posteriores, incluso de la actualidad (aunque, cada vez, más cogidos por los pelos); como es obvio, no son de esperar caso anteriores (pero ahí está Pergolesi).
  2. El estilo musical. En efecto, muchas veces hay un aire, o más que eso, pero es que son tantas ocasiones que, en realidad, lo que se deduce al final es que es Mozart el que se parecía también un poco a los demás, y ya no solo al contrario; algo evidente si hablamos de sus contemporáneos, algo evidente si hablamos del Clasicismo en general. Es de observar que quien se suele comparar es al Mozart más apolíneo, no precisamente al protorromántico (llegándose a decir verdaderos sinsentidos como que el concierto para piano nº 20 es “beethoveniano”*).
  3. A priori, no se puede ser ni austriaco ni alemán. Todo un síntoma de que la vieja polémica nunca ha llegado a resolverse, a propósito. También es posible que nazcas alemán, te vayas a Suecia y te ganes el sobrenombre de El Mozart sueco (Kraus). Obviando eso, resulta que Beethoven, bonense en Viena, quedó excluido inmediatamente como Mozart alemán, aunque de joven sí que se ganó lo de Nuevo Mozart (de estos hay cientos,aunque no tan importantes: léase el siguiente punto). Cabe decir que cuanto más exótico es el país a ojos occidentales, menos falta hace que concurra alguno de los demás criterios (a veces suele bastar con ser el compositor más importante de tal lugar si además coincides cronológicamente con Mozart; y si el país es más “exótico” aún, pues ni falta que hace lo segundo). Eso sí, lo normal es que prevalezcan los gentilicios europeos y, en segundo lugar, los americanos. De momento, no tengo ni asiáticos, ni africanos ni oceánicos; todo se andará.
  4. Precocidad, genio, inteligencia, versatilidad, virtuosismo… Siendo Mozart el genio precoz por antonomasia, y no solo de la música, resulta este uno de los criterios de más peso. Ahora bien, hay que decir que se abusa bastante de esto: por ejemplo, en nuestros días es flagrante el caso de muchos intérpretes señalados como niños prodigio, aquellos que tarde o temprano aparecen en las noticias ligeras del telediario con eso tan manido ya de el nuevo Mozart (y luego, crecen un poco y nadie más se acuerda de ellos). Es, además, el criterio principal de los Mozarts por el mundo que no son músicos, equiparando a Mozart ya como epónimo del talento infinito: artístico, científico, deportivo o de cualquier otra índole, un talento de esos que no parece ni despeinarse.
  5. Morir joven. Es el requisito más prescindible, pero si se tiene, aumenta la curiosidad de todo esto… y no crean: son unos cuantos los infortunados.
Todo esto es algo injusto para el propio Mozart, siempre descontextualizado; y es injusto, por descontado, para tantos grandes compositores a su sombra, minusvalorados a priori (aunque por ahí andan Rossini, Glinka, Chopin, Pergolesi o Enescu…, en el canon todos por su propia cuenta). La parte buena es que supone una excusa magnífica para iniciar un tour con todos vosotros, deteniéndome en cada uno de ellos, ya fuere su mozartiano apodo una cuestión puntual, ya sea su sobrenombre más conocido que el propio; reivindicando sus valías y sus curiosidades, si procede, y observando, por ventura, algún posible nexo con el genio genuino. A decir verdad, algunos de ellos, bien desconocidos, podrían estar agradecidos a Mozart, pues sin él estarían aún más olvidados.
No descarto practicar la revisita de los ya que vaya mentando, acercarme a intérpretes — pero me niego con los niñatos — , escribir sobre algún no músico, por qué no, o hasta ser yo mismo quien proponga a un nuevo Mozart por el mundo. Como suele decirse, para eso es mi blog, ¿no?
Pero como no quiero dejar sin música aquesta introducción a la categoría, pues le haré un hueco a Schubert, que de no ser tan vienés hasta la cepa podría haberse buscado un lugar entre los Mozarts por el mundo que hoy inauguro. Entre otras cosas, porque, como es de todos sabido, su deliciosa sinfonía nº 5 pasaría sin problemas como la nº 42 del Mozart, Mozart:

Foto de Kirk Slang

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